En el diccionario de la Real Academia Española, el término prejuicio se define como la opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de algo que se conoce mal. Es decir, que tener un prejuicio significa tener una idea negativa y equivocada hacia algo que desconocemos.

Los prejuicios más conocidos son los que se tienen sobre las razas, las religiones el género, o la edad, sin embargo, desgraciadamente hay muchas formas de prejuicios. Uno frecuente en nuestra sociedad y muy sibilino, en tanto que casi no caemos en la cuenta de lo mucho que lo usamos es el prejuicio sobre los «gordos» y sobre las «gordas».

Para empezar la delgadez se asocia automáticamente con la salud y el bienestar, cuando eso no siempre es exactamente así: habrá personas delgadas que se cuidan y otras que se alimentan de comida basura y presumen de vida sedentaria.

Al contrario cuando se habla de obesidad nos viene a la mente la imagen de una persona que come mucho, casi siempre alimentos poco saludables. Por supuesto esto tampoco es así: habrá obesos y obesas, que cuiden su alimentación y practiquen deporte con regularidad y otras personas que no lo harán. Y si bien es cierto que el exceso de grasa corporal en el cuerpo no es saludable, en muchas ocasiones la obesidad no es lo que parece.

Pero hay otra manifestación de este prejuicio que es aún más injusta y dolorosa: me refiero a las características que automáticamente atribuimos a los gordos y gordas por el mero hecho de serlo.

Hay estudios que han investigado la existencia de estos prejuicios: la forma de hacerlo es preguntando a un montón de personas sobre como creen que son las personas con obesidad. Los resultados son devastadores: con frecuencia a los obesos se les considera asexuados, descontentos de sí mismos, de voluntad débil, poco atractivos o feos, perezosos, menos disciplinados, y responsables de su peso corporal. Este es el estereotipo de la obesidad.

No hay más que fijarse un poco como se caracteriza a los personajes gorditos de las series y las películas: son descritos como glotones que siempre están pensando en comer, simpaticones si no son directamente el hazmerreir del grupo, incapacitados para el deporte, sudorosos, flojos…

Todo esto no son más que prejuicios: ideas equivocadas sobre la obesidad pero que pueden hacer mucho daño a una persona, sobre todo en la infancia. Recuerdo a una niña con sobrepeso que fue paciente mía y que un día le dijo a su madre que no quería ir mas al colegio. La razón era que la insultaban y eso la ponía muy triste. Charlando un día con ella,  dijo una cosa  que me impactó y que no he podido olvidar nunca: comprendía que la llamaran gorda, porque sabía que lo estaba pero que no entendía que los demás niños la llamaban «gorda pestosa» , puesto que ella era limpia y olía muy bien…Cuando esto te lo dice una niña entre lágrimas realmente el alma parece que se rompe en pedacitos.

¿Quién no ha hecho alguna vez comentarios jocosos sobre los gorditos? No perdamos de vista que aunque a veces son «bromitas» inocentes, en realidad pueden hacer tanto daño como una dardo envenenado directo al corazón. Pongámonos en la piel de las personas que tienen sobrepeso u obesidad en una sociedad como la nuestra, quizás nos lo pensaríamos dos veces antes de decir ciertas cosas. Yo hace mucho tiempo que dejé de hacerlos. NUNCA MÁS.

Fotografía: Jeandelatete