Para la mayoría de los cerebros los alimentos ricos en azúcares, carbohidratos refinados, sal y grasas son tremendamente seductores, tanto que llegamos a desearlos y necesitarlos con intensidades de drogodependencia. Esta es una de las razones por las que cuidarse y llevar una dieta sana se convierte en ocasiones en un camino arduo y tenebroso que generalmente acaba en fracaso.

La gente llama dieta a una forma de comer durante un periodo de tiempo, con el fin de alcanzar el peso deseado, pero casi siempre pensado en volver a comer lo que más les apetece, les llena y satisface: comida nada saludable que les hace volver a engordar y así entran en una espiral de dietas, efecto yo-yo y descompensación metabólica.

Pues bien, ¡hay una luz al final del túnel! Parece que los estudios van confirmando lo que los educadores en materia de nutrición veníamos observando: que cuando empiezas a comer bien, a cuidarte y a elegir alimentos saludables, el cerebro deja de desear los alimentos por los que antes se dejaba seducir (alimentos llenos de grasas, sal, colorantes, azúcares y saborizantes) y comienza a desear la opción sana y nutritiva de los alimentos naturales, puros, integrales y ricos en sustancias bio-activas beneficiosas para la salud.

Hay un estudio muy interesante realizado por un equipo multidisciplinar de las universidades de Harvard y Tufts, compuesto por expertos en nutrición, metabolismo y neurología, con un diseño muy sólido y bien estructurado. El estudio fue publicado en la Revista Nutrition and Diabetes* y concluye que tras seis meses de intervención nutricional y sesiones educativas, los pacientes comenzaron a percibir los alimentos saludables como mas deseables y los menos saludables como menos deseables.

Por motivos comerciales los autores no dan casi nada de información sobre la ejecución del programa en el documento original. Esto hace que sea difícil hacer valoraciones respecto a cómo pueden haber influido la perspectiva cognitivo-conductual, «colocando» mentalmente los alimentos saludables entre los preferidos, y la perspectiva dietética, «estabilizando» bioquímica y metabólicamente las áreas cerebrales relacionadas con la recompensa y con las expectativas ante los alimentos. ¡Pero lo cierto es que la combinación de los dos intervenciones, psicológica y nutricional, funcionó!

Estudios anteriores ya demostraron los cambios bioquímicos cerebrales producidos por un consumo adecuado de micronutrientes, y como determinadas vitaminas y minerales y la baja concentración de azúcares en sangre incrementan la sensación de placer y bienestar. Es decir que aprendiendo a comer sano el cerebro se «reeduca» y empieza a desear lo que mejor le sienta: claro que como todo, necesita tiempo de práctica… Hay que tener paciencia.

Si la comida saludable también nos produce placer podríamos cambiar el concepto de dieta, y empezar a llamarlo «cambio en la forma de comer»: un cambio que además sea para siempre. La comida sana no solo es el elemento clave para el control del peso, también lo es para conseguir una mejor salud y la prevención de numerosas enfermedades asociadas a la obesidad y a algunos malos hábitos alimentarios.

Habrá que esperar a futuras investigaciones para confirmar que esta «reprogramación cerebral» en favor de los alimentos saludables y contra la comida basura es útil y efectiva. Podría ser un buen punto de partida para reforzar la relevancia de la psicología y la neurología y por supuesto de la nutrición como herramienta terapéutica en las estrategias para combatir la obesidad.

*Pilot andomized trial demonstrating reversal of obesity-related abnormalities in reward system responsivity to food cues with a behavioral intervention