¿Hay preocupación por la apariencia en la madurez? La respuesta es SI. La insatisfacción corporal, entendida como el malestar intenso que se experimenta cuando no gusta el propio cuerpo, afecta a personas de todas las edades y puede ser tan dañina en la madurez como lo es en la adolescencia. Son las mujeres, como siempre, las que más sufren con su imagen en esta etapa de la vida.

Existe la creencia de que con la edad, la presión por el culto al cuerpo disminuye, pero esto no es exactamente así, sobre todo en una sociedad como la nuestra en la que «las apariencias» son tan importantes. En un interesante estudio que se realizó en España[1] sobre la satisfacción corporal y vital de 176 personas mayores de 50 años, se encontró que dos de cada tres personas estudiadas mantenían una preocupación por su apariencia física similar a la que tenían en edades anteriores. Este dato destierra el mito de que en etapas tardías de la vida la apariencia física deja de tener importancia para la persona. Nada más lejos de la realidad.

Las personas coquetas probablemente lo serán siempre, y cuando la belleza es una fuente de preocupación, con el paso de los años esa preocupación no desaparece sino que al contrario, puede aumentar. En realidad lo que ocurre es que el foco de las preocupaciones con el cuerpo se desplaza. Es decir, si en la adolescencia y juventud se presta más atención a la delgadez o la proporcionalidad de las formas, en mujeres a partir de los 40 años (incluso antes) surgen otros focos de angustia relacionados con los signos del envejecimiento: aparición de arrugas, la flacidez de la piel, las canas, etc. Este malestar puede llegar a ser muy intenso porque a «ciertas edades» la lucha contra el cambio de la imagen es «una batalla perdida». Esto es al menos lo que parece cuando solo asociamos belleza a cualidades propias de la juventud.

Hay dos factores claves para entender este fenómeno: el primero es que se valore el atractivo sexual de las mujeres muy por encima del resto de sus cualidades y el segundo, es que ese atractivo sexual tenga un periodo de caducidad tan reducido: y es que cuando a tu cuerpo le aparecen los signos propios del transcurso del tiempo corres el riesgo de dejar de ser «atractiva». Se quejan de esto sobre todo las mujeres que dependen de su apariencia para trabajar, dícese actrices, modelos, presentadoras de televisión, etc. Pero es un problema que afecta a toda la población femenina.

 

[1] Sánchez-Cabrero, R. y Maganto-Mateo, C. (2009). Satisfacción corporal y vital de personas mayores de 50 años en España. Revista de Psicología General y Aplicada, 62 (4), 293-302.

Fotografía: Charlie Foster