Ya sabemos que comer demasiado alimentos ricos en calorías y tener poca actividad física son dos factores relacionados con el sobrepeso y la obesidad. Sin embargo, la contribución del sueño en el control de peso es menos conocida, a pesar de que se ha investigado mucho sobre esta cuestión en los últimos años. Los datos de numerosos estudios llevados a cabo en distintos países del mundo indican que dormir poco aumenta el riesgo de ganar peso, tanto en niños y adolescentes como en adultos.

¿Cuál es la relación entre el sueño y el peso corporal? El sueño es un estado fisiológico, activo y complejo a pesar de que por la apariencia externa pueda parecer que el sujeto dormido está en una inactividad completa. Durante el sueño el organismo realiza diversas funciones necesarias para su correcto funcionamiento. Con respecto al peso corporal, el sueño es necesario para la producción y los efectos de las hormonas que regulan el apetito, la saciedad y el metabolismo de los nutrientes.

Las partes del cerebro que regulan la ingesta de alimentos reciben información de lo que ocurre en la periferia a través de las hormonas. Por tanto son las hormonas las que «indican» si hay necesidad de comer o de dejar de comer, lo que psicológicamente se traduce en sensación de hambre y de saciedad respectivamente.

Hay dos hormonas claves: Por un lado está la grelina que es una hormona que se sintetiza por células del estómago y cuyos niveles aumentan cuando éste está vacío: es la que provoca que tengamos apetito y ganas de comer. Por otro lado, está la leptina que es una hormona liberada por células del tejido graso y cuyos niveles aumentan mientras comemos, estimulando los centros cerebrales y en consecuencia produciendo la sensación de saciedad.

¿Cómo afecta este doble proceso al sueño? Las personas que «recortan» su sueño tienen niveles más altos de grelina y más bajos de leptina, de modo que durante el día experimentan más sensación de hambre y menos capacidad de saciarse. Por ejemplo, se ha comprobado que después de noches de sueño insuficiente hay una tendencia a comer más entre comidas y mayor apetencia por alimentos con alto contenido de hidratos de carbono y de grasas. Es como si el cerebro privado de sueño intentara compensar la falta de sueño «empujando» hacia la ingesta de más calorías. A esto se añade el hecho de que el sueño insuficiente afecta las zonas del cerebro implicadas en toma de decisiones. De modo que la capacidad de la persona a elegir alimentos más saludables se ve mermada.

No en último lugar de importancia, en las personas que duermen menos de lo necesario aumenta la resistencia a la insulina y por tanto aumenta el riesgo de padecer diabetes tipo 2. Por tanto, ¿necesitas más razones para convencerte de la relación que hay entre dormir menos de lo necesario y ganar peso?

Fotografía de David Mao