La actividad periódica del reloj interno es endógena, es decir se produce sin que haya claves del ambiente exterior. Sin embargo, para que el periodo del reloj que regula el estado de vigilia coincida con la parte diurna y el que permite el inicio y mantenimiento del sueño coincida con la parte nocturna del día, el reloj debe recibir luz solar – ambiental. Esta es la señal más importante que sincroniza la oscilación del reloj con la variación día-noche.

Algunas personas tienen el reloj «adelantado», son el tipo matutino, popularmente conocidos como «alondras». Se duermen pronto, se despiertan de madrugada, su nivel de energía y productividad son máximos por la mañana y temprano por la tarde. En otras personas, el reloj circadiano está «retrasado». Son del tipo vespertino, conocido como «búhos». Se duermen tarde, bastante después de las 12.00h de la noche, se despiertan tarde y su nivel de energía y rendimiento alcanzan su nivel más alto por la tarde – noche. La mayor parte de la población es de tipo intermedio.

Además de por estas características genéticamente determinadas, el reloj experimenta cambios con la edad. Así, en la adolescencia generalmente ocurre un «retraso» en el reloj interno, motivo por el cual los adolescentes tienen problemas de dormirse por la noche a una hora prudente que les permita dormir lo suficiente antes de que suene el despertador por la mañana. Si se les deja seguir su ritmo natural, se despertarían bien entrada la mañana. De modo que los adolescentes no son vagos e irresponsables, sencillamente su ritmo de sueño les hace más difícil adaptarse a los horarios de actividad y reposo socialmente establecidos. Con el avance de la edad y a partir de los aproximadamente 50 años de edad, el reloj se «adelanta», motivo por el cual los mayores de edad se quedan dormidos con facilidad en el sofá delante de la TV.

Serie sobre el sueño:
¿Sabes como se regula el sueño? (1)
¿Qué es el reloj interno? (2)
Dormir mejor. ¿Matutinos o vespertinos? (3)
Ajustar el reloj interno con ejercicio y siesta (4)