El sueño «necesita» que el cuerpo y la mente estén completamente relajados. Sin embargo, el estado de relajación NO se produce de forma instantánea, muy al contrario se requiere tiempo por la noche para que baje el nivel de activación física y mental.

Es más, la relajación al igual que el sueño es un estado que NO se consigue a fuerza de voluntad ¿Cuántas veces alguien nos haya dicho «relájate» y en realidad nos hemos sentido aún más tensos? Solo si nos dejamos llevar, nos dejamos arrastrar a un estado de relajación.

Por tanto, actividades como trabajar, estudiar, hacer ejercicio físico intenso, planificar, discutir, solucionar problemas, etc… hasta el último momento del día (e incluso estando ya en el dormitorio) interfiere con el proceso de dormir. Más aún, cuando estas cosas se hacen en el dormitorio: en ese caso el espacio-dormitorio, que debería ser de descanso, se convierten en una «clave» para estar despierto en lugar de dormido.

En cambio, reservándonos la hora anterior a irnos a la cama (y lógicamente el momento-dormitorio) únicamente para aquello que proporciona sosiego y relajación, digamos que música suave, leer un libro, ver un película agradable, un paseo tranquilo o un poco de yoga, se asocia a un mejor sueño posterior.

Ocurre lo mismo en caso de despertar por la noche. Permanecer en la cama dando vueltas y forzándose a dormir o volviendo a repasar mentalmente todos los problemas que tiene, no ayudará a dormirse. Es mejor levantarse y hacer ejercicios de respiración abdominal o relajación muscular y volver a la cama cuando se siente sueño de nuevo.