Estamos tan acostumbrados a que los anuncios publicitarios nos enseñen realidades ficticias que ya casi ninguno de ellos moviliza nuestro espíritu crítico ni nos levanta del sofá.

Me indigno y hacen levantarme de mi asiento los anuncios de cereales de «régimen», esos que anuncian chicas que no necesitan estar a régimen, y que se intentan poner pantalones tres tallas por debajo ¿que tal si prueban con pantalones de su talla? Porque la mayoría de ellas tienen una talla saludable.

Nos bombardean con anuncios de alimentos para adelgazar protagonizados por gente que no necesita adelgazar. Y la mayoría de las veces la protagonista es femenina. ¿Por qué? ¿Hay más obesidad en mujeres que en hombres? La respuesta es que no, pero parece que los publicistas vuelven a dar la espalda a la ciencia.

Entonces solo me queda una conclusión: la presión por el aspecto físico a la que se somete a las mujeres extiende uno más de sus tentáculos bajo la palabra «saludable».

La alimentación y el ejercicio físico son dos aspectos básicos para gozar de buena salud y como consecuencia para tener una buena imagen, pero hay bastantes formas muy poco saludables que se asocian a tener una «buena imagen» y es ahí donde está el peligro.

Nos tenemos que aceptar sea cual sea nuestra imagen. Los complejos no siempre desaparecen con los kilos, pero es cierto que comiendo bien y llevando una vida activa, lograremos que nuestro cuerpo y mente funcionen mejor. Solo así podremos, entre otras cosas, levantarnos del asiento y cuestionar los anuncios que no son saludables, aunque nos quieran convencer de lo contrario.