Probablemente el mejor hábito de sueño para dormir bien es irse a la cama SÓLO cuando nos sentimos somnolientos. Acostarse sin tener sueño en un intento por dormir más horas no le ayudará a dormir ni más ni mejor ¿Quién no ha tenido que madrugar mucho en alguna ocasión y al irse a la cama más temprano el día anterior ha conseguido justo lo contrario, es decir, dormir poco? Descubrir que el sueño tarda en aparecer suele aumentar la frustración y la activación física y mental y por tanto termina por retrasar aún más el inicio del sueño.

Darse una ducha caliente antes de dormir resulta relajante y favorece el inicio y el mantenimiento del sueño, debido a que después del aumento de la temperatura por el agua caliente viene un descenso de la temperatura corporal que induce al sueño

Beber un vaso de leche antes de dormir también se asocia con inicio de sueño más rápido. Esto es debido a que la leche contiene un amino-acido llamado triptófano, que participa en la síntesis de la serotonina, que a su vez es un neurotransmisor implicado en el sueño saludable.

Fijarse en el reloj antes de dormirse o durante los despertares es una práctica común y conlleva pensamientos de frustración del tipo: «llevo mucho tiempo dando vueltas y no consigo dormirme». Por tanto es mejor darse la vuelta y olvidarse de las horas durante la noche y si es necesario, girar el reloj de la mesilla de noche para no ver las horas ni ser consciente del transcurrir del tiempo.

Por último no conviene olvidar que el consumo de cafeína o de nicotina, cerca de la hora de dormir, por su efecto estimulante, interfiere con el sueño. El alcohol es sedante inicialmente, pero al metabolizarse produce el efecto contrario y fragmenta el sueño. La digestión de cenas pesadas no favorece el dormir. Tampoco la ingesta de cantidades de líquidos que alteraría el sueño por la necesidad de visitar el baño.