Levantarse a la misma hora (+/- 1 hora) crea un buen hábito para el cerebro y es sumamente importante para aquellos que tardan en dormirse por la noche. Cuando alguna noche no se han dormido las horas necesarias, pero nos levantamos a la misma hora, la presión por dormir que queda se suma a la que se acumulará a lo largo del día, de modo que uno se quedará dormido más pronto a la noche siguiente.

La rutina horaria hará que en poco tiempo se consiga dormir más o menos a la misma hora todas las noches.

Entender y seguir las señales del reloj interno hace más fácil dormir por la noche. Es recomendable irse a la cama SOLO cuando aparece la somnolencia. Esta indica que el organismo está preparado para dormir. Al contrario, no hay que intentar dormir, sin sentirse somnoliento/a pensando que así dormirán más horas. Esta es una peculiaridad del reloj circadiano: somos capaces de retrasar la hora de dormirnos, pero no podemos adelantarla a nuestro antojo. Irse a la cama sin tener sueño no nos hará dormir más, sino todo lo contrario, provocará frustración y hará que nos desvelemos aún más.

Otro consejo para dormir más y mejor: limitar el tiempo que se pasa en la cama al tiempo «ocupado» por el sueño. El cerebro «necesita saber» cuántas son las horas de la noche durante las cuales puede dormir. Se ha comprobado, que si la persona se queda en la cama por norma más tiempo del tiempo ocupado realmente por sueño, a la larga éste tiende a hacerse más superficial y por tanto más propenso a ser interrumpido por estímulos ambientales y/o del propio organismo. En cambio, limitando el tiempo de permanecer acostados al tiempo ocupado por sueño, indicamos al cerebro cuántas son las horas disponibles para dormir y éste tiende a «fabricar» más sueño profundo con el fin de garantizar que va a obtener todo el sueño que el organismo necesita.