El cáncer de mama es una enfermedad que afecta a la salud física, pero también a la salud psicológica. Además del impacto que genera el peligro que representa para la vida el hecho de tener cáncer de mama, a esto hay que añadirle los problemas psicológicos que conllevan los cambios que, los tratamientos contra el cáncer producen sobre la imagen corporal.

La pérdida del pelo, las cicatrices, las quemaduras, la perdida de una o de las dos mamas, el aumento o la pérdida de peso, los problemas en la sexualidad, la menopausia, etc., son algunos de los efectos secundarios derivados de los tratamientos contra el cáncer de mama.

El impacto de estos efectos secundarios sobre la imagen corporal y a su vez sobre la autoestima y el autoconcepto de las mujeres con cáncer de mama es brutal. Pero esto es normal si tenemos en cuenta la enorme presión que se ejerce sobre la imagen corporal de las mujeres en todas las edades. Características como un cuerpo delgado y uniforme sin imperfecciones, un pelo cuidado y bien conservado o unos pechos homogéneos y firmes son muy valorados ya que son un símbolo de feminidad, de obligado cumplimiento para alcanzar el cuerpo ideal establecido y necesario para lograr una adecuada integración social. Además, las mamas cumplen la función de ser una zona erógena de gran importancia para la vida sexual de la mujer. Por esta razón, al ser estas características muy significativas, pueden generar una gran angustia si se pierden o si no se adecuan a lo establecido. Tanto es así, que no estamos preparados, psicológicamente hablando (hombres y mujeres), para enfrentar un cambio de imagen tan brusco como la ausencia de una o las dos mamas.

El efecto principal de los cambios bruscos de imagen asociados al cáncer es el miedo al rechazo. Si una mujer siente que van a ser rechazada por su aspecto físico implícitamente está asumiendo que la apariencia es decisiva para amar y ser amada.

Pero de que nos extrañamos…Demasiadas mujeres han internalizado que su «valor» como persona reside es su atractivo sexual. Demasiadas veces la sociedad nos recuerda este mensaje y nos educa en esta creencia.

Fotografía de Mara León.