Convendría analizar con algo de profundidad el llamado fenómeno «curvy». Esta nueva reivindicación, consistente en hacer visibles a las mujeres con tallas más allá de la 42, ha sido recibida con alegría porque se supone que ha roto el canon de belleza tradicional caracterizado por mujeres delgadas o excesivamente delgadas.

He llegado a leer que la mayoría de las mujeres entran en la descripción de mujer «curvy» puesto que tienen curvas y no son, ni de lejos, como las modelos que vemos en los spots publicitarios que nos bombardean cada día ¿pero esto es realmente así? Ahora nos dicen que las mujeres reales tienen curvas ¿pero que tipo de curvas? Porque no vale «cualquier mujer con curvas» para enarbolar el icono del movimiento «curvy».

Una característica del cuerpo canon de belleza tradicional de la mujer ha sido y es la del­gadez. Esto ha llevado a muchas mujeres a sobreestimar su tamaño, a creer que son más gruesas y voluminosas de lo que son en realidad y peor aún, a no gustarse o a creerse «feas». Pero la delgadez es solo una parte del ideal y no la más importante.

De hecho, no todas las mujeres desean estar delgadas o extremada­mente delgadas, y esto es así porque existe una caracte­rística aún más valiosa: la proporcionalidad. Las clásicas medidas de 90-60-90 para pecho, cintura y caderas res­pectivamente, que se supone son indicativas del cuerpo perfecto, muestran la importancia de que haya simetría y proporción entre las partes. Los cuerpos de mujeres más espectaculares tienen formas muy proporcio­nadas (pechos medianos o grandes, simétricos, firmes…, ancho similar en la zona del busto y de las caderas con estrechamiento en la cintura y curvas suaves). Y ahí viene el problema: porque no todas las mujeres guardan esa proporción tan perfecta. De hecho, lo normal es la «desproporcionalidad» entre las partes del cuerpo y la variedad en las formas.

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Hay muchos tipos de cuerpos de mujer pero ahora nos ha dado por mostrar (de nuevo) un solo tipo: las proporcionadas. Eso sí, con más peso. ¿Cuántas mujeres visten tallas de ropas diferen­tes para camisetas y pantalones? ¿No es frecuente que use­mos tallas distintas para las dos piezas del bikini? Tenemos la idea de que esa diferencia de tallas es «anormal» cuando es justo al contrario. Es muy común que se necesiten tallas diferentes para vestir la parte superior o inferior del cuer­po. El error reside en asumir como normal lo que no lo es, y viceversa. Y si no, ¿por qué a las tallas grandes las llamamos «tallas especiales»?

Definitivamente, no parece que el movimiento «curvy» sea muy realista ni mucho menos que haya servido para romper con los cánones de belleza. Por no hablar de que seguimos con lo siempre: escribiendo ríos de tinta sobre como debe ser el cuerpo de las mujeres para ser considerado como sexy y «agradable a la vista». No se yo…