Desde la perspectiva del género, el objetivo fundamental de la educación debe ser procurar que tanto niños como niñas tengan las mismas oportunidades en la vida, para que su proceso de desarrollo sea como individuos únicos.
Sin embargo, desde los primeros años de vida se observan diferencias significativas en algo tan cotidiano como los juguetes con los que juegan. Es importante señalar que los juguetes, desde edades muy tempranas, se convierten en herramientas imprescindibles para la educación y, sobre todo, en unos de los principales transmisores de los valores de nuestra sociedad y cultura. Ya sea porque los padres se los compran o porque otros adultos significativos se los regalan o porque sencillamente la sociedad directamente nos ofrece los juguetes separados por sexos, lo cierto es que se percibe poca educación para la igualdad en ellos.
¿Con qué juegan los niños? ¿Y las niñas? ¿Se les trasmiten los mismos valores a unos y otros desde pequeños? La respuesta, en la mayoría de los casos es NO.
Por una parte, los principales valores que se transmite a las niñas a través del juego, se centran en el cuidado de los hijos y del hogar pero también en algo a lo que en UNICA prestamos especial atención: la imagen corporal. De esta manera, muy pronto las niñas son dirigidas por la sociedad y el mercado hacía los cánones de belleza considerados como ideales en la mujer.
Pensemos un poco: Sets de maquillaje y pintauñas, peluquería, tocadores, zapatos de tacón, bolsos, disfraces de “bellas” princesas, vestidos para las muñecas… Basta con echar la vista hacia atrás unos años y recordar nuestra infancia, la de nuestras hermanas, amigas y echar un vistazo a los juguetes de vuestra/s hija/s. ¿Qué valores se les trasmiten a ELLAS? Los mismos de siempre. Unos valores arraigados en nuestra sociedad desde hace siglos, en los que el concepto MUJER debe ir de la mano de otros como belleza, princesa, maquillaje y peluquería…demasiadas cosas destinadas a «estar guapas».
Tal vez esta sea una posible explicación de por qué las mujeres presentan insatisfacción corporal con mayor frecuencia que los hombres, de forma totalmente diferentes a éstos. En los hombres los valores relacionados con la belleza masculina no comienzan a introducirse hasta la etapa de la adolescencia.
Esto es otro ejemplo de que, a pesar de los intentos de la sociedad de que tanto niños como niñas se desarrollen como individuos únicos, aún existe una clara diferenciación entre la masculinidad y la feminidad desde la infancia. Una diferenciación que nos perjudica a todos por igual.