Si tienes la costumbre de mirarte con frecuencia, es posible que a veces lo hagas porque pasas por delante de un espejo y te «echas un vistazo»;  en otras ocasiones es probable que busques el espejo a propósito para mirar tu cuerpo.

En ambos casos, lo importante no es el hecho de mirarte sino la razón por la que lo haces y las consecuencias que esa conducta tiene sobre ti. Es decir, si te miras porque te gustas y eso te hacer sentir bien, entonces no hay nada que reprochar. Pero si te miras porque no te gustas y para comprobar las «imperfecciones» de tu cuerpo, entonces es necesario que te deshagas de esa costumbre.

Mirarse en un espejo no es un problema per se, más aún, es una práctica habitual en las sociedades occidentales. Sin embargo cuando hay insatisfacción corporal el uso obsesivo del espejo se convierte en un problema por varia razones. En primer lugar, mirar obsesivamente las partes de nuestro cuerpo que nos disgustan, solo sirve para que nuestra mente confirme que son «feas», «deformes» o «desagradables» sin un criterio objetivo. Porque si crees que algo es feo, lo verás feo. Mirar el cuerpo de forma excesiva, lejos de resolver el problema, empeora la percepción que tenemos de él por pura sugestión, agravando con ello el malestar psicológico. Terminamos viendo aquello que «creemos» más allá de la propia realidad.

En segundo lugar, hay un estudio que muestra que las personas que no se gustan a si mismas dedican más tiempo a mirar las partes de su cuerpo que ellas considera «feas» que a las que piensan que son agradables y al contrario: las personas satisfechas consigo mismas miran más sus «partes bonitas» que sus defectos (Jansen, Nederkoorn y Mulkens, 2005).

Por tanto, cuanto menos te guste tu cuerpo más probable es que dediques más tiempo a recrearte en aquello que te desagrada, consiguiendo agravar el malestar contigo misma. Esto a veces nos ocurre incluso en momentos puntuales: por ejemplo, si por alguna razón (un comentario de alguien, una mirada extraña…) te sientes incomoda con tu cuerpo en una situación determinada, es probable que empieces a observarte más en los espejos y reflejos de tu alrededor y que notes un aumento de la incomodidad y más malestar.

Y es que, mirarnos al espejo con frecuencia implica dedicar muchos recursos atencionales al cuerpo y esto causa un aumento en los pensamientos obsesivos sobre una misma y más emociones negativas. El tiempo de mirarnos lo podríamos emplear en hacer cosas que te gusten y te hagan disfrutar ¿te lo puedes imaginar?

El ejercicio 1 del Paso 3 del programa UNICA pretende ayudarte a disminuir el número de veces que te miras cada día, o reducir el tiempo que pasas haciéndolo. Regístrate y accede gratis a este ejercicio y al resto del programa UNICA:

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Foto tomada por  Tasha Kamrowski en Pexels