Las personas a las que les preocupa su peso (independientemente cual sea) a veces pueden pesarse con mucha frecuencia o incluso, medirse el volumen del cuerpo o alguna de sus partes con una cinta métrica. Hay quienes incluso lo hacen a diario o varias veces al día. Estar pendiente del peso produce más preocupación por la apariencia y es una práctica absolutamente innecesaria. Te explicaré por qué.

Pesarse produce «adicción» porque proporciona sensación de control. Puede que hayas pensado qué si no te pesas cada día, tu cuerpo se va a descontrolar y vas a engordar. Pero esto no tiene porqué ser así. Si no cambiamos los hábitos alimentarios o los ritmos de actividad sustancialmente, nuestro cuerpo no cambia. Incluso aunque hagamos esos cambios, los efectos no son visibles en horas, ni siquiera en días. Los cambios de las pautas alimentarias o en la práctica de ejercicio físico tienen que ser muy notables y sobre todo prolongados en el tiempo, para que los resultados sean perceptibles.

Es decir, tanto si se desea aumentar o bajar de peso, 24 o 48 horas no es tiempo suficiente para comprobar si se están produciendo cambios corporales: se necesitan más tiempo para que la transformación del cuerpo sea evidente.

Entonces ¿qué información aporta pesarse varias veces al día? Ninguna en realidad. Los cambios de peso en un mismo día o al día siguiente se deben a cambios en la proporción de líquidos corporales y no a un cambio real de volumen, por tanto, estas subidas o bajadas de peso en el día no son visiblemente perceptibles. Por ejemplo, de la mañana a la noche el peso de una persona puede variar hasta un kilo de peso dependiendo de cuestiones como haber ido más o menos al baño, haber bebido más o menos agua, estar reteniendo líquidos, o según el tipo de alimentos que hemos ingerido ese día. Sistemáticamente se pesa menos por la mañana que por la noche. Sin embargo, una persona que se pesa continuamente puede malinterpretar los cambios de peso cuando los controla a diario.

Por ejemplo, si por la tarde pesa medio kilo más podría creer que ha engordado porque ese día ha comido algo diferente o porque no ha ido al gimnasio. Esto hará que aumente la obsesión por el aspecto físico y por tanto la probabilidad de desarrollar conductas de riesgos peligrosas para la salud.

Además, por pura sugestión, al ver que hay más peso en la báscula, aunque sean apenas unos gramos, cuando la persona se mira al espejo se «verá» más gorda, e incluso podría percibir que su abdomen o sus caderas han aumentado de tamaño con respecto a la mañana o al día anterior, cosa que es materialmente imposible.

Pesarse o medirse no tendría que ser un problema per se, pero se convierte en una obsesión cuando hay preocupación por el propio cuerpo. Se trata por tanto de una conducta que aconsejamos que se controle o directamente se elimine. Podemos vivir muy tranquilas alejadas de la báscula. Sabemos por experiencia clínica que cuando las mujeres consiguen deshacerse de la costumbre de controlar su peso, no quieren volver a pesarse nunca más, y son más felices.

El ejercicio 5 del Paso 3 del programa UNICA te propone reducir o eliminar esta conducta de pesarse y medirse con frecuencia. Regístrate gratis en el programa y accede a este ejercicio y al resto del programa UNICA: http://www.unicaproject.com